El doble
El doble –¿A quién se refiere, Iákov Petróvich?
–Vamos, al oso, como si no supieran a quién llamamos oso… –El señor Goliadkin se echó a reÃr y se volvió hacia el encargado para recoger las vueltas–. Me refiero a Andréi FilÃppovich, señores –continuó tras acabar con el encargado, esta vez dirigiéndose a los empleados con aspecto muy serio. Los jóvenes intercambiaron guiños significativos.
–TodavÃa está allà y preguntaba por usted, Iákov Petróvich –respondió uno de ellos.
–¡Conque está allÃ, eh! En ese caso, que allà se quede, señores. Y ¿preguntaba por mÃ, eh?
–SÃ, Iákov Petróvich. Pero ¿por qué anda usted, Iákov Petróvich, asà perfumado, untado, de punta en blanco?…
–¡Asà es, señores, asà es! Pero basta… –respondió el señor Goliadkin mirando hacia un lado y forzando una sonrisa. Al ver que el señor Goliadkin sonreÃa, los empleados prorrumpieron en carcajadas. El señor Goliadkin se sintió un poco tocado.
–Pero, de todas formas, Iákov Petróvich…