El doble
El doble –No, amigo mÃo, nadie pregunta por mÃ. Te equivocas. Te diré más: también estabas equivocado hoy por la mañana, al asegurarme… al atreverte a asegurarme, quiero decir –aquà el señor Goliadkin levantó el tono–, que Olsufi Ivánovich, mi benefactor desde tiempos inmemoriales, que en cierto sentido ha sido un padre para mÃ, me cerraba su puerta en un momento en que su corazón paterno se henchÃa de solemne alegrÃa familiar. –El señor Goliadkin, satisfecho de sà mismo, pero con honda emoción, miró a su alrededor; en sus pestañas brillaron lágrimas–. Te repito, amigo mÃo –concluyó nuestro héroe–, te has equivocado, te has equivocado cruel e imperdonablemente…