El doble
El doble –Pues todo bien; dicen que ha dado sobradas explicaciones, que ha presentado sus razones, «que asà y asá, su excelencia, que no tengo recursos y deseo trabajar, especialmente bajo su halagüeño mando…», bueno, y todo lo que conviene decir, mire usted, lo ha expresado con gran soltura. Debe de ser un hombre inteligente. Bueno, desde luego que ha llegado con una recomendación, sin ella es imposible…
–Ajá, ¿y de parte de quién?… O sea, quiero decir, ¿quién ha metido la mano en este asunto escabroso?
–Asà es. Dicen que era una buena recomendación; parece que su excelencia se ha reÃdo con Andréi FilÃppovich.
–¿Se ha reÃdo con Andréi FilÃppovich?
–SÃ; solo se ha sonreÃdo y ha dicho que bueno, que seguramente por su parte no tenÃa nada en contra siempre que trabajara bien…
–Ajá, continúe. Me está devolviendo un poco el ánimo, Antón Antónovich; le ruego que continúe.
–Perdón, pero otra vez no lo… Ah, sÃ; pues no tiene importancia, es un asunto sencillo; ya le he dicho que no se haga mala sangre, no hay aquà nada sospechoso…
–No, señor. Yo, o sea, quiero preguntarle, Antón Antónovich, si su excelencia no ha añadido algo más… sobre mÃ, por ejemplo.