El doble
El doble –¡Pues claro! ¡SÃ! Pero no, no ha dicho nada; puede quedarse totalmente tranquilo. Por supuesto, mire, el asunto desde luego es bastante chocante y al principio… yo mismo, por ejemplo, al principio casi ni lo he advertido. En verdad, no sé cómo no lo he advertido hasta que usted no me lo ha dicho. Pero, por lo demás, puede quedarse totalmente tranquilo. No ha dicho nada especial, nada en absoluto –agregó el bueno de Antón Antónovich, levantándose de su sitio.
–Entonces yo, Antón Antónovich…
–Ah, discúlpeme. Me he puesto a hablar de tonterÃas y tengo un asunto importante, urgente. Tengo que ocuparme de él.
–¡Antón Antónovich! –resonó cortés y demandante la voz de Andréi FilÃppovich–. Su excelencia lo llama…
–Ya voy, ya voy, Andréi FilÃppovich, ya voy. –Y, tomando una pila de papeles, Antón Antónovich salió volando primero hacia Andréi FilÃppovich y luego al despacho de su excelencia.