El doble
El doble El señor Goliadkin iba a decir algo pero se detuvo. «¿No será demasiado? –pensó–. ¿No estaré yendo demasiado lejos? Siempre lo mismo, siempre hablo de más.» Nuestro héroe salió del habitáculo de Petrushka muy descontento consigo mismo. Además, la groserÃa e intratabilidad de Petrushka lo habÃan ofendido un poco. «Al granuja lo miman, el señor le hace ese honor y él ni siquiera se entera –pensó el señor Goliadkin–. ¡En fin, asà son todos los de esta ralea!» Tambaleándose un poco, volvió a la habitación y, al ver que su invitado ya se habÃa acostado, se sentó un instante junto a él.
–Vamos, admÃtelo, Iasha –comenzó en un susurro y moviendo la cabeza–, tú tienes la culpa, canalla, porque tú, tocayo, mira… –continuó dirigiéndose con bastante familiaridad a su invitado.