El doble

El doble

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Por último, despidiéndose de él amistosamente, se fue a dormir. El invitado, a todo esto, empezó a roncar. El señor Goliadkin, a su vez, se dispuso a acostarse y, mientras lo hacía, reía y susurraba para sus adentros: «Pero ¡si estás borracho hoy, palomito mío, Iákov Petróvich, menudo canalla eres, vaya Goliadka que eres, tu apellido ya lo dice! A ver, ¿de qué te alegras? Si mañana te echarás a llorar, con lo llorón que eres, ¿qué voy a hacer contigo?». Ahí una sensación bastante extraña atravesó de lado a lado al señor Goliadkin, algo semejante a la duda o al remordimiento. «Me he soltado hoy –pensaba–, y ahora me zumba la cabeza y estoy borracho. ¡No pudiste contenerte, zopenco! Decías tonterías por los codos y encima hablabas de ser astuto, canalla. Por supuesto, perdonar y olvidar las ofensas es la primera de las virtudes. Pero, como sea, ¡está mal! ¡Está mal!» Ahí el señor Goliadkin se levantó, tomó una vela y, de puntillas, se dirigió otra vez a examinar a su invitado. Estuvo mucho tiempo inclinado sobre él, sumido en profunda meditación. «¡Un cuadro desagradable! ¡Una farsa, una farsa con todas las letras, ni más ni menos!»





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker