El eterno marido
El eterno marido Recordaba también cómo, por pasatiempo, habÃa difamado a la mujer de un maestro de escuela, y cómo la difamación habÃa llegado a oÃdos del marido. Veltchaninov habÃa dejado poco después la localidad y no supo las consecuencias de su difamación; pero ahora, de pronto, preguntábase cómo habrÃa acabado todo aquello; y Dios sabe hasta dónde le habrÃan llevado sus conjeturas, si un recuerdo mucho más reciente no le hubiese embargado bruscamente el espÃritu: el de una muchacha de una modesta familia burguesa, que jamás le habÃa gustado, de la que hasta se avergonzaba, y con la cual, casi sin saber cómo, tuvo un hijo. HabÃa abandonado a la madre y al niño, sin decirles adiós siquiera (claro que por falta de tiempo), cuando se fue de Petersburgo. Más tarde, durante un año entero, habÃa estado haciendo gestiones para encontrar a aquella muchacha, sin conseguirlo. Los recuerdos de esta Ãndole se presentaban a él a centenares, cada uno trayendo otros consigo.