El eterno marido

El eterno marido

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Pero si soy yo quien la he traído, casi a la fuerza! No veo…

—Sí, ya lo sé. Si no lo digo por mí, sino por Liza, que es una niña y ve las cosas a su modo… Por, mi parte estoy segura de que él no vendrá nunca.

Cuando Liza vio que Veltchaninov había venido solo no se sorprendió. Sonrió tristemente, y volvió hacia la pared su cabecita, devorada por la fiebre. No contestó a las tímidas palabras de consuelo ni a las solemnes promesas de Veltchaninov, que se comprometió a traerle a su padre al día siguiente sin falta; pero en cuanto él hubo salido, se echó a llorar.

Hasta el anochecer no llegó el médico. Apenas había aún examinado a la enferma, cuando asustó a todo el mundo, declarando que deberían haberlo llamado antes. Le dijeron que hasta la víspera por la noche no había caído enferma, y al principio no quiso creerlo.

—Todo depende de cómo pase la noche —pronosticó al fin.

Hizo una receta y se fue, prometiendo volver al día siguiente lo más temprano posible.

Veltchaninov quería a toda costa quedarse a pasar la noche, pero Claudia Petrovna le rogó que hiciera otra tentativa más para traer a aquella «fiera».

—¡Lo que es esta vez —afirmó Veltchaninov arrebatadamente—, lo que es esta vez vendrá, aunque tuviera que traerlo atado!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker