El eterno marido
El eterno marido —¡No, no, Aléksieyi Ivanovich, no escupa usted porque yo tengo interés en saber eso! He venido ex profeso para saberlo… ¡Sí, hoy tengo la lengua de través, pero usted será indulgente! Hace tiempo leí algo, en una revista, respecto a los individuos del tipo «feroz» y del tipo «bonachón» ; esta mañana, sin querer, lo he recordado… sólo que ya no me acuerdo con exactitud de lo que decía; y, a decir verdad, tampoco acabé de entenderlo cuando lo leí… Por ejemplo: Stepan Mikhailovich, ¿era del tipo feroz, o del tipo bonachón? Me gustaría saberlo. Usted qué cree: ¿feroz o bonachón?
Veltchaninov continuaba callado, paseando de arriba abajo. Bruscamente, se detuvo y habló con verdadera rabia:
—El hombre del tipo feroz es el hombre que se habría apresurado a echar veneno en la copa de Bagautov, al brindar con él en honor de una amistad tan felizmente reanudada… ¡Como hizo usted ayer conmigo! ¡Pero un hombre de esa especie no habría ido a acompañarle al cementerio, como usted ha hecho hoy, sabe Dios por qué motivos secretos, canallescos y viles; ni se habría permitido tanto aspaviento ridículo!
—Seguro que no habría ido —repuso Pavel Pavlovich—; pero, realmente, usted me trata…