El eterno marido
El eterno marido Los días que precedieron a su muerte fueron horribles para Veltchaninov. Los Pogoreltsev llegaron a temer por su razón. Junto a ellos pasó la mayor parte de ese período de angustia. Durante los últimos días se pasaba horas enteras en un rincón, solo, sin pensar en nada. Claudia Petrovna venía a veces a distraerle, pero él apenas contestaba y hasta daba a entender que estas conversaciones le eran penosas. Nunca se hubiese figurado ella que Veltchaninov pudiera sufrir tanto. Únicamente los niños conseguían distraerle. A veces hasta se reía con ellos. Pero a cada instante se levantaba para ir de puntillas a ver a la enferma. En varias ocasiones se le antojó que ella le reconocía. No tenía ninguna esperanza de que se salvara; pero le era imposible alejarse del cuarto en que agonizaba, y generalmente se quedaba en la habitación contigua.