El eterno marido
El eterno marido —Tengo que participarle también otra buena noticia. Aléksieyi Ivanovich —añadió Pavel Pavlovich.
—¿Una buena noticia?
—SÃ… me caso.
—¡Cómo!
—Tras el dolor, la alegrÃa… ¡Asà es la vida! Yo, con mucho gusto, Aléksieyi Ivanovich… pero temo… Usted, según parece, lleva prisa…
—SÃ, sÃ, tengo mucha prisa, y además… no me encuentro nada bien.
Bruscamente se habÃa apoderado de él un violento deseo de desembarazarse de Pavel Pavlovich. Todos sus buenos propósitos se desvanecÃan.
—Pues sÃ; yo bien hubiera querido…
Pavel Pavlovich no acababa de decir lo que él hubiera querido. Veltchaninov seguÃa en silencio.
—En fin, otra vez será; si tengo el gusto de volver a verle…
—SÃ, sÃ, otra vez —se apresuró a decir Veltchaninov, sin mirarle ni detenerse.
Callaron un minuto. Pavel Pavlovich continuaba marchando a su lado.
—¡Bueno, hasta la vista! —dijo al fin.
—Hasta la vista; espero que…