El eterno marido

El eterno marido

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ah!, es una cuestión muy seria. Se trata de mi gasa negra. ¿Qué cree usted más procedente: quitarla o conservarla?

—Lo que a usted le parezca. —No, usted es quien tiene que decidir. ¿Qué haría usted en mi lugar? A mi juicio, el conservarla sería dar prueba de constancia en mis afectos, cosa que en cierto modo, no dejaría de favorecerme…

—Lo procedente y lo correcto es quitarla.

—¿Está usted seguro…? (Y Pavel Pavlovich quedó pensativo un momento.) Pues no, yo opino que sería mejor conservarla… —¡Como usted guste…!

«Bueno, desconfía de mí; esto va bien», pensó Veltchaninov.

Salieron. Pavel Pavlovich miraba con satisfacción a Veltchaninov, que, realmente, tenía un aire muy distinguido, y que, en aquel momento, le inspiraba una gran consideración y respeto. Veltchaninov iba, sin acabar de entender a su acompañante ni de comprenderse a sí mismo. Un coche muy lujoso les esperaba a la puerta.

—¿Cómo, había tomado usted un coche de antemano? ¿Tan seguro estaba usted de que yo le acompañaría?

—¡Oh¡, yo había tomado el coche para mí; pero estaba seguro de que usted cedería —contestó Pavel Pavlovich, con el acento de un hombre enteramente satisfecho.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker