El eterno marido

El eterno marido

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Un minuto, tenga usted la bondad!

—¡Vamos, otra vez con el minuto! —gritaron algunas de las muchachas.

—¡Todavía pide otro pañuelo! —contestaron otras.

—Esta vez ha sido usted… sí, es culpa suya…

Y Pavel Pavlovich, dando cliente con diente, no pudo proseguir.

Veltchaninov le invitó, muy cordialmente, a poner mejor cara y distraerse con ellos.

—¿No comprende usted que el darle bromas es porque está usted de mal humor, cuando todo el mundo está alegre?

Con gran asombro suyo, su consejo determinó en Pavel Pavlovich un cambio completo de actitud. Se calmó inmediatamente, hizo como si reconociera que había sido culpa suya, tomó parte en todos los juegos y al cabo de media hora ya había recobrado su alegría. En todos los juegos formaba pareja, cuando había lugar a ello, con la pelirroja o alguna de las Zakhlebinine. Y lo que acabó de asombrar a Veltchaninov es que ni una sola vez dirigió la palabra a Nadia, a pesar de estar casi siempre muy cerca de ella. Parecía aceptar su situación como cosa natural. Pero al anochecer volvió a presentarse ocasión de jugarle una trastada.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker