El eterno marido

El eterno marido

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Por qué no baja usted, Pavel Pavlovich? ¡Cuidado que es usted raro! —dijeron otras, pasando.

—¿Por qué raro? —preguntó de pronto la voz de la señora de Zakhlebinine, que acababa de despertarse y se decidía a dar una vuelta por el jardín, hasta la hora del té, para ver cómo jugaban «los chicos».

—¡Mírelo usted dónde está!

Y le señalaron la ventana por la que el otro asomaba la cabeza, con una sonrisa forzada, lívido de rabia.

—¡Qué ocurrencia, estarse encerrado cuando todo el mundo se divierte! —dijo la madre, sacudiendo la cabeza.

Durante este tiempo, Nadia le exponía, al fin, a Veltchaninov, la razón por la cual se había alegrado tanto de verle, y el importante asunto que la preocupaba. La explicación tuvo lugar en una avenida desierta. María Nikitichna había hecho una señal a Veltchaninov, que tomaba parte en todos los juegos y empezaba a aburrirse de firme, y le había conducido a aquel sitio, donde le dejó a solas con Nadia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker