El eterno marido
El eterno marido Cuando hubo acabado de comer dirigióse a casa del alto funcionario. No estaba en ella; le respondieron que «no había vuelto desde por la mañana, y que no volvería, sin duda, antes de las tres o las cuatro de la madrugada, pues estaba en la ciudad, en casa de un amigo, que celebraba su santo». Veltchaninov se sintió «ofendido», hasta el punto de que su primer impulso fue correr a casa del amigo que celebraba su santo. Pero en el camino reflexionó en las posibles consecuencias de este paso, y despidiendo el coche se dirigió paseando hacia su casa. Comprendía que necesitaba caminar. Le hacía falta una buena noche de sueño para calmar los nervios; y para dormir tenía que cansarse.
Hasta las diez y media no llegó a su casa. La distancia era grande y se sentía rendido.