El eterno marido
El eterno marido «SÃ, era perfectamente sincero —se contestó, ahondando aquel análisis desordenado—. Era lo bastante idiota y generoso para tomar afecto al amante de su mujer, cuya conducta encontrara tan irreprochable durante veinte años. Y durante nueve años me ha estimado, honrando mi recuerdo y conservando mis «expresiones» en su memoria. No es posible que ayer mintiera. ¿Acaso no me querÃa ayer, cuando me decÃa: «Liquidemos cuentas»?
SÃ, me querÃa odiándome; no hay cariño más intenso que éste…»