El eterno marido
El eterno marido —No tuve más remedio que apartarme un momento, alma mÃa —empezó a disculparse Pavel Pavlovich.
—¡SÃ, dejando que insultaran a tu mujer! Cuando se te necesita, nunca se te encuentra; pero, en cambio, cuando no haces falta, no hay cuidado que te pierdas…
—¡SÃ, sÃ! Cuando no hace falta, no hay cuidado que… —apoyó el oficial.
Lipotchka se ahogaba de ira. ComprendÃa que no estaba bien, delante de Veltchaninov, y se avergonzaba de ello, pero no podÃa contenerse.
—¡Ya sabes, cuando no hay motivo, tomas tus precauciones!
—Hasta debajo de la cama… ve amantes… hasta debajo de la cama… cuando no hay motivo… cuando no hay motivo… —gritó Mitenka, animándose a su vez.
Pero nadie hacÃa caso de Mitenka.