El eterno marido
El eterno marido —Es un pariente mÃo lejano; el hijo de una difunta prima hermana. Se llama Golubtchikov. Le echaron del servicio por una historia que hubo… Ahora acaba de volver a él; nosotros le hemos equipado… Es un pobre chico, que ha tenido muy mala suerte…
«Eso es; bien, bien; no falta nada», pensó Veltchaninov.
—¡Pavel Pavlovich! —gritó de nuevo la vocecita que salÃa del vagón, pero esta vez con tono más agudo e imperativo.
—¡Pa… el Pa… Lich! —repitió otra voz, voz de borracho.
Pavel Pavlovich se agitó más aún, haciendo ademán de echar a correr, pero Veltchaninov le cogió vigorosamente de un brazo y le mantuvo inmóvil.
—¿Qué le parece a usted si fuera a contarle a su mujer que una noche quiso usted asesinarme?
—¿Qué? ¿Cómo? —exclamó Pavel Pavlovich, espantado—. ¡No quiera Dios semejante cosa!
—¡Pavel Pavlovich! ¡Pavel Pavlovich! —gritó de nuevo la voz.
—¡Bueno, vaya usted, vaya! —dijo Veltchaninov, riéndose de muy buena gana.
—¿De modo que no vendrá usted, eh? —murmuró por última vez Pavel Pavlovich, desesperado, con las manos juntas, como en otro tiempo.