El eterno marido
El eterno marido Pavel Pavlovich volvió en sí y echó a correr desesperadamente. El tren se ponía en marcha. Consiguió agarrarse a la portezuela y saltar en el vagón.
Veltchaninov se quedó allí hasta la noche. Luego, continuó su viaje interrumpido. No torció a la derecha, ni fue a ver a la dama recién llegada del extranjero; no estaba ya de humor para eso… Pero la verdad es que no tardó mucho en arrepentirse de la omisión.