El eterno marido

El eterno marido

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Perdón; el que no podía dar dos pasos sin encontrarle a usted era yo.

Y Veltchaninov se levantó, rompiendo súbitamente en una carcajada violenta, inesperada. Pavel Pavlovich quedó suspenso un instante, le miró atentamente y prosiguió:

—El no reconocerme usted puede ser debido: primero, a falta de memoria, y luego, a la viruela, que me ha desfigurado bastante.

—¿La viruela? Sí, es verdad. Pero ¿cómo…?

—¿Que cómo la he pescado? Pues pescándola, Aléksieyi Ivanovich, pescándola.

—¡Qué raro! Pero prosiga usted, amigo mío, prosiga usted.

—Pues bien, aunque yo le hubiese encontrado…

—¡Un momento! ¿Por qué ha empleado usted hace un instante la palabra «pescar»? Pero no importa; realmente no vale la pena… Continúe usted; adelante…

Sentíase cada vez de mejor humor. La opresión que le ahogaba había desaparecido por completo. Caminaba de arriba abajo por el cuarto, a grandes pasos.

—Sí, desde que llegué a Petersburgo que he pensado en venir a verle; pero, se lo repito, me encuentro ahora en un estado tal de espíritu… me siento tan trastornado desde el mes de marzo…

—¿Trastornado desde el mes de marzo…? ¡Ah, sí, olvidaba! Perdón… ¿No fuma usted?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker