El eterno marido
El eterno marido —Usted sabe que en vida de Natalia Vasilievna…
—¡Ah, sÃ, recuerdo! Pero ¿desde el mes de marzo…?
—Un pitillo, si acaso; uno solo…
—Aquà tiene usted; enciéndalo y continúe, continúe. Es sumamente…
Y Veltchaninov encendió un puro, y fue a sentarse de nuevo sobre la cama. Pavlovich le interrumpió:
—Pero ¿y usted, no se encuentra también un poco agitado? ¿No estará usted enfermo?
—¡Bah, dejemos en paz mi salud! —exclamó Veltchaninov malhumorado—. ¡Continúe usted!
El visitante, a su vez, al ver la agitación de Veltchaninov, sintióse más seguro y dueño de sà mismo.