El eterno marido
El eterno marido Por toda respuesta, Veltchaninov cerró violentamente la puerta, dio una vuelta a la llave y echó el cerrojo. Luego volvió a su cuarto, y escupió de asco, como si acabase de tocar algo inmundo. Más de cinco minutos estuvo en pie, inmóvil, en el centro de la habitación. Luego, de pronto, sin desnudarse, se echó sobre la cama y quedó dormido al instante. La bujía, olvidada encima de la mesa, acabó de consumirse.