El eterno marido
El eterno marido Mes y medio antes de su marcha habÃa llegado a T… un oficial de ArtillerÃa casi recién salido de la Academia. Fue presentado en casa de los Trusotskii, y en lugar de tres fueron ya cuatro. Natalia Vasilievna acogió al mozo con mucha afabilidad, pero tratándole como a un niño. Veltchaninov no sospechó nada, ni siquiera el dÃa en que ella le dijo que no tenÃan más remedio que separarse. Entre las cien razones que adujo Natalia Vasilievna para demostrarle que era imprescindible, en absoluto, su marcha inmediata, habÃa ]a siguiente: que ella estaba encinta, de modo que era preciso que él desapareciera, aunque sólo fuese por tres o cuatro meses, a fin de que al cabo de los nueve le fuera más difÃcil a su marido echar la cuenta, si por acaso se le ocurrÃa alguna sospecha. La cosa, como se ve, estaba bastante traÃda por los cabellos. Veltchaninov la suplicó apasionadamente que huyera con él, a ParÃs, a América, no importa dónde; pero todo fue inútil. Al fin, se fue solo a Petersburgo, «sin la menor sospecha», creyendo que era cuestión, a lo sumo, de tres meses. De otro modo no hubiera habido razón ni argumento que le obligara a partir. Dos meses más tarde recibÃa en Petersburgo una carta de Natalia Vasilievna, rogándole que no volviese, pues querÃa a otro hombre. En cuanto al embarazo, se habÃa equivocado.