El eterno marido
El eterno marido Esta última explicación sobraba. Ahora veÃa claro… Recordó al «oficialete». En fin, aquello habÃa terminado para siempre.
Pocos años después supo que Bagautov habÃa ido a T…, y pasado allà cinco años. Pensó, para explicarse la duración de aquellas relaciones, que Natalia Vasilievna debÃa haber envejecido considerablemente y, con los años, ganado en fidelidad.
Más de una hora estuvo sentado sobre la cama. Al fin volvió en sÃ, llamó a Mavra, pidió el café, que tomó bebido, se vistió, y a las once en punto se dirigió en busca del hotel Pokrov. Suscitadas por la entrevista con Pavel Pavlovich, acababan de ocurrÃrsele algunas dudas, y querÃa ponerlas en claro.
Toda la pesadilla de la noche se explicaba por la casualidad y la embriaguez evidente de Pavel Pavlovich —quizá también por otra cosa—; pero lo que, en el fondo, no podÃa acabar de comprender, es porqué iba ahora a reanudar amistades con el marido de antaño, cuando ya todo habÃa terminado entre ellos.
ParecÃa como si algo le atrajese, un no sé qué extraño que él no llegaba a discernir, pero que le atraÃa fuertemente.