El eterno marido
El eterno marido —Estoy seguro, absolutamente seguro de no engañarme —repuso Veltchaninov con fuego.
Y de prisa, con volubilidad, le contó todo, lo más brevemente que pudo. Claudia Petrovna hacÃa tiempo que estaba enterada de todo, menos del nombre de ella. Veltchaninov siempre se habÃa estremecido a la sola idea de que alguien pudiera conocer a la señora Trusotskaya[11], y sorprenderse de que él hubiese podido estar tan enamorado de ella; a tal punto, que ni a su amiga más Ãntima, Claudia Petrovna, se lo habÃa revelado.
—Y el padre, ¿no sabe nada? —preguntó ella, al concluir él su relato.