El eterno marido

El eterno marido

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No… Es decir… En fin, eso es precisamente lo que me preocupa. No consigo acabar de ver claro en ello —replicó Veltchaninov impetuosamente—. Sabe, sabe… hoy mismo, y también anoche, lo he visto, sin lugar a dudas. Pero hasta qué punto está enterado, es lo que necesito poner en claro, y para ello tengo que irme en seguida. Esta noche le espero en casa. Por más que pienso, no atino en cómo habrá podido saber… quiero decir: saberlo todo… Respecto a Bagautov, no cabe duda, está enterado de todo. Pero en lo que a mí se refiere… ¡Ya conoce usted a las mujeres! Y usted sabe la maña que se dan para que lo blanco parezca negro, si así les conviene. Ya podría bajar un ángel del cielo, que el marido haría caso a la mujer, y no al ángel… No sacuda usted la cabeza, no me condene usted; ¡ya hace tiempo, mucho tiempo, que yo mismo me he condenado!… Ve usted, hace un momento, en su casa, estaba tan convencido de que lo sabe todo, que yo mismo me delaté… ¿Lo creerá usted? Me siento avergonzado de haberlo recibido anoche tan groseramente… Ya le contaré a usted todo más adelante, en detalle… No cabe duda que vino a casa con el propósito de darme a comprender que sabía la ofensa, y quién era el ofensor. Es la única razón posible de una visita tan estúpida, en estado de embriaguez… Pero, después de todo, es muy natural de su parte. Evidentemente, quería desenmascararme. Y yo, lo mismo anoche que hace un rato, no pude contenerme. Me he conducido como un idiota. Me he descubierto. Pero, también, ¿por qué se le ha ocurrido venir en un momento en que me sentía tan poco dueño de mí mismo?… Le aseguro a usted que atormentaba a la pobre Liza únicamente en venganza… No le quepa a usted duda: más que malvado es un pobre idiota, un infeliz. ¡Si le viera usted ahora, tan desastrado, tan grotesco, tan incoherente, él, que antes era una persona perfectamente normal y sensata! Pero, al fin y al cabo, es muy natural que haya venido a parar a esto. ¡Hay que tener caridad, amiga mía! Sí, quiero ser ya otro muy distinto para él, y tratarle con mucha dulzura. Será una buena obra. Además, en este caso, toda la razón está de su parte… Escuche usted, es preciso que usted lo sepa: una vez, en T…, tuve necesidad urgente de cuatro mil rublos, y él me los adelantó en seguida, sin querer recibo, verdaderamente contento de prestarme un servicio; ¡y yo acepté, y recibí de sus manos el dinero, entiende usted, como de las manos de un amigo!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker