El eterno marido

El eterno marido

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

VII

El marido y el amante se abrazan

Sentía una necesidad imperiosa de saber, de saber al momento.

«Esta mañana me quedé desconcertado, y no pude darme bien cuenta de nada —pensó, recordando su primer encuentro con Liza—; pero lo que es ahora, de un modo o de otro, tengo que enterarme» .

Para precipitar las cosas, estuvo a punto de ir en seguida a ver a Trusotskii; pero pronto cambió de idea.

«No, es preferible que venga él a mi casa. Entre tanto, me ocuparé de mi maldito asunto.»

Y corrió, con una premura febril, a efectuar algunas diligencias, que a él se le antojaban de carácter urgente; pero él mismo comprendió esta vez que estaba demasiado distraído, e incapaz de darse cuenta cabal de lo que hacía. Disponíase a comer, a eso de las cinco, cuando súbitamente le vino a las mentes una idea que jamás se le había ocurrido hasta entonces. Pensó que muy bien pudiera ser que, con su manía de meterse en todo, de enredarlo todo, de correr de tribunal en tribunal y hostigar incesantemente a su abogado, no hiciera otra cosa que retrasar la solución de su asunto. No dejó de divertirle la hipótesis.

«¡Y pensar que si esta idea se me hubiese ocurrido ayer me habría desesperado!» —observó, con creciente regocijo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker