El Gran Inquisidor
El Gran Inquisidor Hace ya tiempo que todo eso fue; todo eso lo veo yo ahora como en sueños. Recuerdo todavía mi entrada en el penal. Era por la tarde, una tarde del mes de octubre. Ya estaba oscureciendo; la gente volvía del trabajo; se disponía a hacer el recuento. Un bigotudo suboficial me abrió, por fin, las puertas de esta extraña casa, en la que había de pasar tantos años y de experimentar tantas emociones, que, de no haberlas experimentado yo mismo, no podría tener ahora de ellas idea ni aproximada. Por ejemplo, nunca he podido comprender este hecho extraño y misterioso de que, durante, los diez años justos de mi encierro, nunca, ni una vez siquiera, ni por un minuto, me encontrase solo. En el trabajo, siempre iba en convoy; en la casa, siempre con mis dos compañeros, uno a cada lado, y ni una vez siquiera, ni una sola vez… solo. Aunque también a eso tuve que acostumbrarme.