El Gran Inquisidor
El Gran Inquisidor Cuanto a Petrov, soportó pacientemente el castigo. La rabia se le había ido con la ausencia del mayor. El preso es dócil y sufrido hasta cierto límite; pero de ese límite no es prudente pasar. Efectivamente, nada puede haber más curioso que esos extraños arrebatos de impaciencia y hostilidad. Es lo corriente que el hombre aguante algunos años, se resigne, soporte los castigos más duros, y de pronto se revuelva airado por alguna futesa, por una nonada, casi sin motivo. Un extraño podría tenerlos por locos, y, con efecto, así hay quien lo hace.