El Gran Inquisidor
El Gran Inquisidor Era la tÃa más horrorosa del mundo. La acompañaba la Dos grosches. La cual era también de una fealdad superior a toda hipérbole.
—Tiempo hace que no os veÃa —continuó el galán, dirigiéndose a la Dos grosches—. ¿Cómo es que te has puesto tan flaca?
—Vaya usted a saber. Yo, antes, estaba muy gorda, y ahora, en cambio…, como si me hubiera tragado una aguja.
—¿No habéis andado con los soldados?
—¡Quia! ¡Eso se lo habrá dicho a usted alguna mala lengua!; aunque, después de todo, ¿qué? ¡Aunque nos quedemos sin camisa, los soldados nos tiran!
—Pues dejadlos a ellos y venÃos con nosotros; nosotros tenemos cuartos…
Para completar el cuadro, imaginaos a aquel tenorio con la cabeza afeitada, con los grilletes y el traje listado, y bajo la guardia de centinelas.