El idiota
El idiota —Exactamente —repuso el beodo, con dignidad—. Hoy mismo, a las ocho y media, hace treinta minutos… No, tres cuartos de hora… he notificado a esa noble madre que tenÃa que informarle de una aventura… significativa. He enviado a mi hija con unas palabras. Vera ha subido por la escalera de servicio.
—¿Y ha ido usted a ver a Lisaveta Prokofievna? —preguntó el prÃncipe, incrédulo.
—SÃ, y he recibido un bofetón… moral. Me ha devuelto la carta, me la ha tirado a la cara sin abrirla siquiera… y a mà me ha echado por las escaleras… figuradamente hablando… Aunque ha faltado poco para que lo hiciese materialmente también.
—¿Qué carta es esa que le ha tirado a la cara sin abrir?
—Pero… ¡Je, je! ¿No se lo he dicho? CreÃa que sÃ. He recibido una carta con el ruego de enviarla a…
—¿De quién? ¿A quién?