El idiota
El idiota —No me acuerdo —repuso Michkin vivamente.
Todo se aclaró tras unas cuantas palabras que cambiaron Ivan Petrovich y su interlocutor, el primero apacible e indiferentemente, el segundo con una agitación extraordinaria. Las dos solteronas parientes del difunto Pavlitchev, que habitaban su dominio de Zlatoverjovo y a quienes se habÃa confiado la educación del prÃncipe, eran primas también de Ivan Petrovich. Éste ignoraba, como todos, los motivos de que Pavlitchev hubiera resuelto cuidarse del niño, convirtiéndolo en su hijo adoptivo. «No tuve curiosidad de averiguarlo», declaró. En todo caso poseÃa una excelente memoria, pues recordaba que una de sus primas, Marfa Nikitichna, la mayor era bastante severa con el niño que tenÃa a su cargo, «hasta el punto de que una vez disputé con ella a causa de la educación que le daba, acusándola de mantener un pésimo sistema y de azotar en exceso a un niño enfermo… Usted mismo reconocerá que…». También recordó que, en cambio, la menor, Natalia Nikitichna, era muy afectuosa con el pequeño.
—Ahora —añadió— las dos, si es que no han muerto, habitan en el Gobierno de… donde Pavlitchev les legó una buena propiedad. Creo, sin asegurarlo, que Marfa Nikitichna querÃa ingresar en un monasterio. Acaso me confunda… SÃ; me han dicho eso respecto a la viuda de un médico…