El idiota
El idiota —Dice usted con razón que Pavlitchev era muy bueno —manifestó Ivan, dejando de sonreÃr—. SÃ, muy bueno… Bueno y digno —añadió, tras un instante—. Digno de toda estima, puedo asegurarlo —prosiguió tras un nuevo silencio— y me… me alegra que usted, por su parte…
—¿No tuvo ese Pavlitchev una historia rara con el abate… el abate…? He olvidado cómo se llamaba, pero en sus tiempos se habló mucho de ello —dijo el alto dignatario.
—Con el abate Gouraud, un jesuita —respondió Ivan Petrovich—. ¡Eso les sucede a nuestros hombres mejores y más dignos! Pavlitchev era bien nacido, rico, chambelán ya y de continuar sirviendo… Y de pronto abandona el servicio, lo deja todo, se convierte al catolicismo e ingresa en la compañÃa de Jesús… Realmente murió muy a tiempo.
—¿Al catolicismo? ¡Es imposible! —exclamó Michkin, asombrado.