El idiota
El idiota —No lo sé. Sólo puedo decirle que me ha ordenado formalmente darle este encargo.
—¿Se ha expresado as� ¿Ha dicho «formalmente»?
—No, no ha empleado esa palabra. Apenas si tuvo tiempo de llamarme aparte para darme el recado. Pero yo me dirigà en seguida hacia ella y… Se notaba en su cara que me daba una orden formal. Me miró de un modo que me hizo sentir dolor en el corazón.
Michkin hizo algunas otras preguntas a Vera, pero no pudo saber más, y ello aumentó su inquietud. Ya solo, tendióse en el diván y meditó. «Quizás esperan a alguien —se dijo— y no quieren que yo vaya antes de las nueve para que no vuelva a hacer absurdos en público». Y tras este pensamiento se consagró a esperar la noche y mirar el reloj. La explicación del misterio se produjo mucho antes de lo que él pensaba, pero planteó un enigma aún más inquietante que el primero.