El idiota
El idiota —Esta actitud está muy mal en vosotras —dijo la generala—. Perdónelas, prÃncipe. Aunque se rÃen, son buenas muchachas. Siempre estoy discutiendo con ellas, pero las quiero mucho. Son frÃvolas, atolondradas, locas…
—Yo hubiera hecho lo mismo en su lugar —aseguró Michkin, risueño—. Pero, eso aparte, el jumento es un ser bueno y útil.
—Y usted, prÃncipe, ¿es bueno también? —interrogó la generala—. Sólo se lo pregunto por curiosidad…
Aquella interrogación produjo un nuevo estallido de carcajadas.
—¡Otra vez se acuerdan de ese maldito asno! —exclamó Lisaveta Prokofievna—. ¡Y yo que no pensaba en él para nada! Crea, prÃncipe, que no he tratado de hacer ninguna…
—¿Alusión? ¡Oh, lo creo!
Y el prÃncipe rio de todo corazón.
—Hace bien en reÃrse. Ya veo que es usted un buen muchacho —dijo la generala.
—No tan bueno a veces —denegó Michkin.