El idiota
El idiota —¿Un asno? ¡Qué raro! —observó la generala. Pero luego, mirando con irritación a sus hijas, que habÃan comenzado a reÃr, añadió—: Aunque, después de todo, no tiene nada de raro. Muchas personas sienten cariño hacia los asnos. Eso se veÃa ya en los tiempos mitológicos. Diga, prÃncipe.
—Desde entonces siento gran afecto por los jumentos, casi simpatÃa. Comencé a informarme sobre ellos, ya que antes no los conocÃa en absoluto. No tardé en comprobar que son animales muy útiles, laboriosos, robustos, pacientes y económicos. En resumen, aquel asno me hizo tomar cariño a toda Suiza y mi tristeza desapareció como por encanto.
—Todo eso es bastante extraño… Pero dejemos el pollino y pasemos a otro tema. ¿Por qué te rÃes, Aglaya? ¿Y tú, Adelaida? El prÃncipe ha hablado del pollino con mucha elocuencia. Lo ha visto personalmente. Y tú, en cambio, ¿qué has visto en tu vida? ¿Acaso has estado siquiera en el extranjero?
—Yo también he visto asnos, maman —dijo Adelaida.
—Y yo he oÃdo a uno —añadió Aglaya.
Hubo nuevas risas, a las que el prÃncipe se sumó.