El idiota
El idiota —¿Te vas con ella? ¿Con ella?
Y la pobre mujer cayó desmayada en los brazos de Michkin. Él la sostuvo, la llevó a un sillón y permaneció inclinado hacia ella, sin saber a qué decidirse. Rogochin volvió, tomó un vaso de agua de sobre una mesilla y arrojó su contenido al rostro de la desmayada. Ella abrió los ojos. Por unos instantes pareció desconcertada, sin darse cuenta de lo que ocurría. De pronto miró en torno suyo, se estremeció, emitió un grito y se precipitó hacia Michkin.
—¡Es mío! ¡Mío! —gritó—. ¿Se ha ido esa chiquilla orgullosa?
Y prorrumpió en una risa histérica.
—¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja! ¿Yo se lo había dicho a esa mujer? ¿Por qué razón? ¡Loca de mí! ¡Vete, Rogochin! ¡Ja, ja, ja!