El idiota
El idiota Eugenio Pavlovich le miraba con atención, sorprendido de la sencillez y el interés con que su interlocutor le interrogaba. La extraña franqueza del príncipe, su agitación, su inquietud, le impresionaban aún más. Satisfizo, complaciente, la curiosidad de Michkin, quien desconocía muchas cosas sobre las Epanchinas. Eugenio Pavlovich era la primera persona que le daba noticias de ellas. A la sazón relató que Aglaya había estado enferma y que durante tres noches tuvo una alta fiebre que le impedía dormir ni un solo momento. Ahora estaba aliviada y fuera de peligro, pero se encontraba muy nerviosa e histérica…
—Y todavía hay que celebrar que haya paz en la casa. Tanto en presencia de Aglaya como en ausencia de ésta, todos evitan la menor alusión al pasado. Los padres han tratado de un posible viaje al extranjero, adonde la familia iría en otoño, después de la boda de Adelaida. Aglaya ha acogido en silencio las primeras indicaciones que le han formulado.