El idiota
El idiota A las primeras palabras, Nastasia Filipovna le atajó:
—¡No se me habÃa ocurrido, eso, general! HabÃa contado con usted y… Mas si ello le disgusta, no insisto en retenerle, por mucho que hubiera querido, en un momento como éste sobre todo, verle cerca de mÃ. En cualquier caso, le agradezco de verdad su visita y su bondadosa atención; pero si tiene usted miedo…
—PermÃtame, Nastasia Filipovna —interrumpió Epanchin, en un arranque caballeresco—, ¿a quién dice cosa semejante? Sólo por mi devoción a usted, me quedaré a su lado y, si hay algún peligro… Además, confieso que mi curiosidad está muy excitada. Sólo temo que esa gente ensucie sus alfombras o rompa cualquier objeto… En mi opinión no deberÃa usted recibirlos, Nastasia Filipovna.
—Rogochin en persona —anunció Ferdychenko.
—¿Qué le parece, Atanasio Ivanovich? —preguntó el general a Totsky en voz baja—. ¿No cree que se ha vuelto loca? Quiero decir en el sentido literal de la palabra, en el sentido médico, ¿comprende?
—Siempre le he dicho que tenÃa cierta predisposición a ello —cuchicheó Totsky.
—Además, está febril y…