El idiota
El idiota Gracias a los esfuerzos de Rogochin, que venÃa pensando desde por la mañana en la visita a Nastasia Filipovna, ninguno de los de la banda estaba completamente beodo. Él mismo se hallaba ahora casi sereno; pero bajo el influjo de las sensaciones que atravesara en aquel caótico dÃa se sentÃa fuera de sà en absoluto. Sólo una idea subsistÃa en su mente, la idea por cuya realización habÃa trabajado con inmenso ahÃnco desde las cinco de la tarde hasta las once de la noche. Poco faltó para que hiciese perder la cabeza a Kinder y Biskup, dos judÃos y prestamistas, que hubieron de andar de un lado a otro como poseÃdos, a fin de resolverle el problema. Al cabo lograron aprontarle los cien mil rublos sobre los que Nastasia Filipovna se permitiera una burlona insinuación aquella mañana. Pero a un interés tan fabuloso que el mismo Biskup no osó hablar de él a Kinder sino en voz baja.