El idiota
El idiota —En este sucio papel, señores —dijo Nastasia Filipovna, dirigiéndose a sus invitados, con aspecto impaciente y febril—, hay cien mil rublos. Rogochin, antes, me aseguró a gritos, como un loco, que me traerÃa esta noche cien mil rublos y yo le esperaba. Conste que me ha regateado como una mercancÃa: primero ofreció dieciocho mil rublos, luego cuarenta mil y al fin llegó hasta cien mil, que son éstos. En todo caso, ha cumplido su palabra. ¡Y qué pálido está! El incidente sucedió esta mañana en casa de Gania. Yo habÃa ido a visitar a su madre y al resto de mi futura familia y la hermana de Gania dijo en mi cara: «¿Es posible que no haya quien arroje de aquà a esta desvergonzada?». Y luego abofeteó el rostro de su hermano. ¡Es una muchacha de carácter!
—¡Nastasia Filipovna! —dijo el general en tono de reproche, comenzando a comprender, poco más o menos, la situación.