El idiota
El idiota —¿Qué, general? Que esto es incorrecto, ¿no? Lo sé. ¡Pero ya he dejado de andar con cumplidos! He pasado cinco años desempeñando el papel de mujer virtuosa desde mi palco del Teatro Francés, he rechazado a todos los que solicitaban mis favores, me he mostrado como una ingenua inocente… ¡Ya estoy harta! He aquà que después de cinco años de ser virtuosa viene un hombre a poner, en presencia de ustedes, cien mil rublos para mà sobre la mesa. ¡Y sin duda me espera su coche en la calle! ¡Me ha valorado en cien mil rublos! Ya veo, Gania, que te has ofendido conmigo. Pero ¿es posible que hubieras soñado en hacerme entrar en tu familia? ¡A mÃ, la amante de Rogochin! ¿No oÃste lo que decÃa el prÃncipe hace poco?
—Yo no he dicho que fuese usted la amante de Rogochin —repuso Michkin con voz temblorosa.
DarÃa Alexievna no pudo contenerse.
—Basta ya, Nastasia Filipovna; basta ya, querida —exclamó—. Puesto que estás harta de estos hombres, mándalos a paseo. Además, ¿es posible que consientas en acceder a las pretensiones de mi sujeto asà por cien mil rublos? Cien mil rublos, verdaderamente, merecen consideración. Pero puedes tomar su dinero y ponerle a él en la puerta. Con esta gente hay que portarse asÃ. ¡Cómo estuviese yo en tu lugar les darÃa una buena lección!