El idiota
El idiota En el curso de los años, las tres hijas del general —Alejandra, Adelaida y Aglaya— se habÃan convertido en mujeres muy atractivas. Eran, cierto, meras Epanchinas, pero por parte de su madre descendÃan de cuna ilustre, poseÃan considerables dotes, se esperaba que su padre, más pronto o más tarde, llegase a ocupar una posición muy alta y, lo que resultaba también importante, las tres tenÃan una notable belleza, sin exceptuar a la mayor, que ya habÃa rebasado los veinticinco años. La segunda contaba veintitrés y Aglaya, la más joven, acababa de cumplir los veinte. Aglaya, auténtica hermosura, comenzaba a atraer la atención en sociedad. Por ende, las tres eran también muy distinguidas en materia de educación, inteligencia y talento. Todas se querÃan mucho y se apoyaban mutuamente. Incluso la gente hablaba de ciertos sacrificios hechos por las dos mayores en beneficio de la tercera, que era el Ãdolo de la familia. No les gustaba exhibirse mucho en sociedad y procedÃan siempre con extraordinario recato. Nadie podÃa reprocharles altanerÃa o desdén, aunque todos las supiesen orgullosas y conscientes de su propia valÃa. La mayor de todas tocaba admirablemente, y la segunda pintaba muy bien, aunque ello no se habÃa sabido hasta hacÃa pocos años. En resumen, se las elogiaba mucho. Cierto que tampoco faltaban comentarios hostiles. La gente hablaba con horror del número de libros que las tres muchachas habÃan leÃdo. No mostraban prisa en casarse y no aparecÃan sino muy moderadamente en el cÃrculo social al que pertenecÃan. Esto resultaba lo más notable de todo, siendo notorios, como lo eran, los propósitos, inclinaciones, carácter y deseos de su padre.