El idiota
El idiota De nuevo el asombro se pintó en todos los semblantes. Ptitzin explanó, dirigiéndose en especial a Epanchin, que cinco meses antes había muerto una tía del príncipe a quien éste no conocía personalmente. La difunta, hermana mayor de la madre de Michkin, era hija de un mercader moscovita de la tercera corporación, llamado Papuchin, que había fallecido en la mayor miseria después de quebrar. Pero el hermano mayor de Papuchin, muerto también hacía poco, era un comerciante muy rico. Un año antes, sus dos hijos habían fallecido con el intervalo de un mes, y el viejo, disgustadísimo, no tardó en seguirles a la tumba. Como era viudo, toda su fortuna pasó a su sobrina, la tía del príncipe, mujer muy pobre a la sazón y recogida en casa de unos extraños. Al recibir la herencia de Papuchin, esta mujer, enferma de hidropesía, se hallaba casi moribunda; pero, con todo, hizo testamento y encargó a Salazkin que buscase al príncipe. Ni el doctor ni Michkin habían querido esperar la comunicación oficial y el último, en consecuencia, se puso en camino una vez recibida la carta de Salazkin.