El idiota
El idiota —Sólo puedo decirle una cosa —concluyó Ptitzin, dirigiéndose a Michkin—, y es que todo esto debe ser completamente exacto, y que puede usted dar por hecho cuanto Salazkin le escribe respecto a la validez del testamento en su favor. Le felicito, prÃncipe. Va usted a recibir millón y medio, si no más. Papuchin era muy rico.
—¡Bravo por el último de los Michkin! —aulló Ferdychenko.
—¡Hurra! —añadió Lebediev con voz vinosa.
—¡Y yo que he prestado esta mañana veinticinco rublos al pobre muchacho! ¡Ja, ja, ja! Parece un cuento de hadas —dijo el general en el colmo de la estupefacción—. En fin, le felicito, le felicito.