El idiota
El idiota El hecho era que quince días antes había recibido en privado una noticia obscura y lacónica, pero muy concreta, diciéndole que Nastasia Filipovna, después de su huida a Moscú, había sido descubierta por Rogochin; que tornó a desaparecer y él a encontrarla, y que al cabo ella se había comprometido a casarse con él. Y he aquí que a las dos semanas llegó un aviso no menos asombroso: Nastasia Filipovna se había eclipsado por tercera vez ocultándose en no se qué provincia, y el príncipe Michkin había desaparecido a la vez de Moscú, dejando a Salazkin el cuidado de sus asuntos.
«Podrá haberse ido con ella o tras ella, pero algo hay en el fondo del asunto», se dijo el general.
Estos informes concordaban perfectamente con los recibidos por su esposa. De modo que a los dos meses de la marcha del príncipe se dejó de hablar de él por completo en San Petersburgo, y en casa de Ivan Fedorovich no volvió a romperse más el «hielo del silencio». Pero las muchachas seguían recibiendo noticias de Michkin por Varia.