El idiota
El idiota —¡Cállate, hombre! ¡Estás borracho! ¿Creerá usted, prÃncipe, que mi tÃo ha decidido ejercer la abogacÃa, que cultiva la elocuencia, y que no deja un momento de dirigir en casa a sus hijos discursos en tono elevado? Hace cinco dÃas ha actuado como defensor ante el juez de paz, y ¿sabe a quién ha defendido? Una anciana a quien un bribón usurero habÃa despojado de los quinientos rublos que era cuanto poseÃa la buena mujer, le pidió que fuera su defensor ante el tribunal, en vez de abogar por ella, ha defendido al usurero, un judÃo llamado Zaidler, a causa de que éste le prometió cincuenta rublos…
—Cincuenta rublos si ganábamos el juicio, y cinco si lo perdÃamos —rectificó Lebediev.
Dio la explicación con acento reposado y sereno que contrastaba con la animación de sus anteriores palabras.