El idiota
El idiota —Pero, naturalmente, ha fracasado y no ha conseguido sino producir la risa de todos. La justicia ya no se administra como antes. No obstante, está muy contento de sí mismo. «Jueces imparciales —dijo—, piensen en ese desgraciado viejo, inválido de las piernas y que vive de un trabajo honroso. Piensen que ha sido despojado hasta de su último pedazo de pan y recuerden la sabia frase del legislador: “Dejad que la clemencia prevalezca en el tribunal”. Y ahora figúrese que cada mañana nos recita aquí, del principio al fin, ese mismo discurso de defensa, tal como lo pronunció en el tribunal. Hoy se lo hemos escuchado ya cinco veces, y en el momento en que ha llegado usted iba a repetírnoslo. ¡Figúrese si le agradará! ¡Hasta se relame los labios de gusto! Y ahora está dispuesto a abogar por cualquiera. Es usted el príncipe Michkin, ¿verdad? Kolia me ha dicho que no ha encontrado nunca en el mundo hombre más inteligente que usted…»
—No, no hay hombre más inteligente en el mundo —confirmó apresuradamente Lebediev.