El idiota
El idiota —¡El que te los ganó es un fullero, un fullero al que no debÃas haber pagado! —clamó Lebediev.
—Es un fullero, pero mi deber era pagarle —contestó el joven—. Puedo atestiguar que lo es. Se trata, prÃncipe, de un subteniente expulsado del ejército, que da lecciones de boxeo. Últimamente pertenecÃa al grupo de Rogochin. Todas esas gentes andan tiradas desde que Rogochin las licenció. Pero lo peor de todo es que, constándome que se trataba de un fullero, de un bribón, de un truhán, no por ello dejé de jugar con él al palki hasta perder mi último rublo. Mientras lo arriesgaba, yo me decÃa: «Si pierdo, iré a ver a mi tÃo Lebediev, le haré muchas zalemas y él me ayudará». Y es eso lo que, más que nada, constituye una bajeza, una verdadera bajeza, una vileza consciente.
—Es, en efecto, una vileza consciente —afirmó Lebediev.