El idiota
El idiota Todos rompieron a reÃr.
—¡Es mentira! —gritó el sobrino—. ¡Hasta en eso necesita mentir! No se llama Timofeo Lukianovitch, prÃncipe, sino Lukian Timofeievich. Di, ¿por qué mientes? Llámeste Lukian o Timofeo, ¿no eres el mismo? ¿Y qué puede importarle al prÃncipe que te llames de un modo u otro? Le aseguro que miente sin necesidad, por costumbre…
—¿Es posible que esto sea cierto? —preguntó Michkin con impaciencia.
—Me llamo, en efecto, Lukian Timofeievich —reconoció Lebediev, turbado, bajando humildemente los ojos y llevándose la mano al corazón.
—¡Dios mÃo! ¿Y por qué me ha contestado usted de ese modo?
—Para rebajarme más —murmuró Lebediev inclinando la cabeza con conmovedora humildad.
—¿Y a qué viene ese rebajamiento? ¡Si sólo me interesa saber dónde encontrar a Kolia! —dijo el prÃncipe, insinuando un ademán para retirarse.
—Yo le indicaré dónde está Kolia —ofreció el joven.
—¡No, no! —intervino rápidamente Lebediev.